viernes, 6 de marzo de 2015

Es marzo




“Te corre por las vértebras un hondo escalofrío / en el que reconoces esa llamada antigua / de todos los abriles y algún marzo temprano…”. Es marzo y tú lo sabes, como lo supo Ignacio Camacho cuando escribió esos alejandrinos que sobrevivieron al efímero papel donde se imprimen los periódicos de hoy que mañana serán la mortaja amarillenta donde ni siquiera brillarán las escamas del pescado. Es marzo y tú lo sabes desde que eras el niño que rebuscaba ese aroma que el maestro Garmendia te recitaba como una letanía: “Ya huele a Semana Santa”. 

Es marzo en los únicos almanaques que pueden herirte con los perfiles afilados de esas hojas que se clavan a medida que van cayendo como caen los sevillanos que hicieron posible lo imposible: el renacimiento de esa fiesta que le marca los pulsos y las horas a esta ciudad de un pasado tan espléndido como perdido, tan real como inexistente, tan paradójico como barroca es la esencia de la Sevilla que le da el ser y el existir a su Semana Santa. Es marzo en las esquinas por donde el aire asoma con ese vago reflejo de la flor del naranjo que siempre nos pilla desarmados, en las calles que dan al poniente para que regrese la luz perfilada de Romero Murube, en los templos donde el retablo se oculta tras el rojo veneciano que enmarca la muerte del Cristo como una caricia de terciopelo.

Es marzo más allá de las trifulcas que se suceden en la sede de Monipodio, de las promesas que unos y otros hacen para cumplirlas… o no, de la propaganda que quiere inocularnos un modelo de ciudad como si Sevilla tuviera que parecerse a Berlín o a Salzburgo, como si no tuviera bastante con ser ella misma. Es marzo en el rito íntimo de la Casa de Pilatos donde aún resuenan las voces de aquellos artistas que trajeron el Renacimiento a la ciudad del Barroco, y en la penumbra de San Ildefonso donde Dios está Cautivo en las manos del Hijo, y en el rincón de San Lorenzo donde habita Aquél cuyo nombre no hace falta escribir, y en ese sosiego que sólo puede brotar del nombre conseguido de los nombres: Silencio.

Es marzo y todo regresa con la liturgia de la luz que lleva dentro el tiempo sin tiempo de tu infancia, con la vuelta al origen que te mantiene en pie y que te ha recordado tu hijo cuando te ha dicho, con esa sencillez que guarda las verdades más hondas de la ciudad, que hacía una tarde de Semana Santa. Sevilla es el reloj, no el mapa. Ya lo escribió Ignacio Camacho una vez y para siempre en esos versos destinados al periódico que hoy regresan a esta ciudad de papel: “Cuántas veces has visto estos mismos instantes / grabarse en tu conciencia desde que eras pequeño, / desde el día feliz en que tú fuiste uno / de esos niños que ahora remueven tu memoria, / las tardes luminosas que pasabas cogido / de la mano segura que marcaba el camino / por donde transitaba tu lejana pureza”. Es marzo en la ciudad de la inocencia y tú lo sabes…

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