Hoy empieza todo en el calendario hispalense. Sevilla está
más presente en su tiempo que en su espacio. La vieja ciudad sabe que lo
efímero es lo que permanece y dura. Que pueden derribarse las puertas y las
murallas, los templos y el caserío, el palacio y el corral de vecinos, pero que
esa destrucción no afectará a los frágiles cimientos que la mantienen en pie:
su ciclo anual. Sevilla es la voluta barroca que vuelve un año y otro año en
las liturgias soleadas que se celebran al aire libre de la calle, en los ritos
secretos que se ocultan en la penumbra de sus rincones. Sevilla no es más que
ese paso que nos hiere por dentro cuando nos paramos a mirarlo en su peligrosa
desnudez: el paso del tiempo.
jueves, 15 de enero de 2015
Sevilla o la ciudad en el tiempo
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